miércoles, 29 de abril de 2015

Trailer de la novela

Aquí os dejo el trailer de mi segunda novela, espero que os guste.



Para leer la tercera y √ļltima parte de la trilog√≠a, pod√©is meteros en http://cuandoteencuentre.blogspot.com.es

domingo, 19 de abril de 2015

Epílogo



Me pein√© cuidadosamente todo el cabello en un mo√Īo no muy tenso, que me dejaba toda la cara al descubierto.
Me hab√≠a puesto un vestido negro entero, casi hasta las rodillas, de manga larga y algo ce√Īido. Apenas me hab√≠a maquillado, no estaba de humor para ello.
Aunque era lo normal. Al fin y al cabo, iba a un funeral.
Cuando terminé, me puse unos zapatos negros y bajé a la planta de abajo.
Habían decidido enterrar a Sara en el pueblo, así que no me había costado convencer a mis padres para venir.
Abajo me estaban esperando mis padres, con los de Jake. √ćbamos a ir ambas familias juntas. Aunque √©l no estaba con ellos.
-¿Y Jake?
-Está en el patio. Deberías ir a decirle que ya vamos a salir.- Respondió mi padre sin ánimos.
Asentí y me dirigí a donde me habían indicado.
Durante esta semana, Jake había estado esquivo con todo el mundo, negándose a hablar con nadie, lo cual, de un modo egoísta, solo había contribuido a que me sintiera peor conmigo misma. Dudaba que hoy fuera a ser diferente.
-Jake.- Le llam√© cuando le vi, observando pensativo unos geranios de mi abuela.- Dicen que vamos a salir enseguida. ¿Vienes?
-S√≠.- Respondi√≥ secamente. Y en efecto, no dijo nada m√°s  en todo el trayecto.
Cuando por fin llegamos al cementerio, no había demasiada gente. Era una ceremonia más o menos íntima, solo estábamos los que más la conocíamos. Aunque lo prefería así.
Fui donde estaba la familia de Sara a darles el pésame, y traté de no romper a llorar al ver las caras largas y los llantos de su madre y su abuela.
-Miriam, cari√Īo.- Me dijo su t√≠a Esther, que era muy agradable. Siempre era la que convenc√≠a a nuestras madres cuando no nos dejaban hacer algo.- ¿Te gustar√≠a decir unas palabras en honor a Sara? Creo que ser√≠a adecuado, ya sabes lo mucho que te quer√≠a.
Se me form√≥ un nudo en la garganta. Por un momento, no me vi capaz de decir una sola palabra. ¿Qu√© pod√≠a decir, si la mayor parte de lo que cre√≠an estas personas era mentira?
-No lo sé, Esther. No sé si podré.
Pareció decepcionada ante la negativa. Me mordí el labio, sintiéndome mal.
-Lo que t√ļ quieras, nena. Si cambias de opini√≥n, me dices, ¿vale?
Asentí incómoda y volví donde estaban mis padres con los padres de Jake.
El ambiente era terriblemente tenso, y resultaba muy extra√Īo. Todo el mundo estaba triste, unos llorando, y otros simplemente guardando silencio. Creo que todos agradecimos el momento en el que lleg√≥ el cura y comenz√≥ a hablar.
Estaba tratando de prestar atención a lo que decía, a pesar de que casi no se le entendía, cuando alguien me tiró del brazo.
Sobresaltada, me gir√© de pronto a tiempo para ver a un chico alto, de unos diecinueve a√Īos que me miraba atento con unos profundos ojos grises.
-Sam.- Murmuré anonadada.
-Tenemos que hablar.- Miró a su alrededor para asegurarse de que no llamábamos la atención, y me condujo a un lugar algo apartado, detrás de unos árboles.
-Sam, es el funeral de Sara.
-Lo s√©, y siento mucho venir ahora. Pero he estado escondido hasta ahora, y me acaban de dar el aviso. Un viejo amigo me ha confiado que ya han alertado a medio mundo de los √°ngeles de mi situaci√≥n, y que van a comenzar a buscarme enserio. La b√ļsqueda comienza hoy. Debo irme.
-¿C√≥mo, irte?
-Antes o despu√©s, todos los √°ngeles ca√≠dos acaban huyendo a la isla. Supongo que es nuestro destino. Ese es el √ļnico lugar donde podemos estar a salvo.
-¿Quieres decir que te ir√°s para siempre?- El terror se apoder√≥ de mi cuerpo inmediatamente.
-No tengo otra opci√≥n.- Desvi√© la mirada, desanimada, pero me cogi√≥ suavemente el ment√≥n, oblig√°ndome a mirarle de nuevo.- Miriam, tienes que prometerme que estar√°s bien. O al menos, que har√°s todo lo posible por estarlo. Esa chica que vais a enterrar, me salv√≥ la vida, y s√© tan bien como t√ļ que ella querr√≠a lo mismo.- Me recorri√≥ un escalofr√≠o cuando habl√≥ de Sara.- Y si pudiera, tambi√©n te pedir√≠a que hablases por ella en ese funeral. Que le digas a esa gente lo que ella no puede.
-No puedo hacerlo.- Repliqué, abriendo mucho los ojos.
-Claro que puedes. Sé que puedes.- Me miraba fijamente, casi impidiéndome apartar la mirada.- Y lamento no poder quedarme para oírte. No sé si me he enamorado de ti, pero lo que sí sé es que solo quiero que estés bien. Y estoy seguro de que hablando por ella ahí conseguirás sentirte mucho mejor contigo misma y con los demás. Hazlo por Sara. Pero también hazlo por ti.
Lo pensé. Tal vez tuviera razón. Aunque no había preparado nada.
-¿Y qu√© digo?
-Di lo que te salga en ese momento. Estoy seguro de que lo harás bien. Confío en ti. Y ahora debo irme. Adiós, Miriam.
Esta vez fui yo la que me acerqué hasta abrazarle. Si iba a ser un adiós para siempre, no podía limitarme a despedirme con la mano.
-Sam.- Llam√© sin soltarle.- Prom√©teme que t√ļ tambi√©n estar√°s bien.
-Lo prometo.
Y dicho esto, se separ√≥ un poco, me sonri√≥ una √ļltima vez, y desapareci√≥ entre los √°rboles.
Me qued√© unos segundos parada, pero enseguida volv√≠ a emprender el camino hacia donde se estaba celebrando la ceremonia. A√ļn me quedaba una cosa por hacer.
Cuando llegué, el cura estaba terminando de hablar. Parece que había llegado justo a tiempo.
-¿Alguien quiere decir unas palabras, en honor a nuestra querida Sara?
-Yo.- Hablé en tono decidido, ante las miradas de asombro de algunos entre los presentes. Al menos Esther me dirigió una mirada alentadora.
-Muy bien.
Se apartó, dejándome sitio para que hablase de cara a todo el mundo. Cogí aire y fui hacia allí.

Vacilé un segundo antes de empezar, al ver a todo el mundo mirándome expectante, a la espera de ver qué decía.
-Sara era de las mejores personas que he conocido.- Comenc√© sin mirar ning√ļn punto concreto.- Era comprensiva con todo el mundo, por mucho que la liasen. Adem√°s, es una amiga de las de verdad, de las que ya no quedan. En los momentos dif√≠ciles siempre era ella la que estaba ah√≠, para hacer frente junto a ti a las dificultades. Estoy segura de que cualquiera que la conozca bien estar√≠a de acuerdo conmigo. El que ella no est√© conmigo ahora, me hace sentir como si me hubieran quitado un brazo, o una pierna. Es de las pocas veces que tengo que enfrentarme a algo sin su constante ayuda. Recuerdo que sol√≠a decir que la vida es como una monta√Īa rusa.- Ahora mir√© a Jake, ya que quer√≠a que √©l m√°s que nadie lo entendiese.- A veces est√°s arriba, y otras abajo. Pero nada dura para siempre. Y sin embargo, a cada vuelta que das, estas un poco m√°s preparado para la siguiente, porque cada experiencia nos ense√Īa algo. Esto no es una excepci√≥n. Si ella estuviera con nosotros, dir√≠a que sigui√©ramos adelante, no como si no hubiera ocurrido nada, sino entendi√©ndolo, acept√°ndolo y super√°ndolo. Pero nunca olvid√°ndola. Aunque al menos para m√≠ eso ser√≠a imposible. Porque igual que hay cosas que nunca se olvidan, hay personas que siempre estar√°n junto a nosotros, en nuestro coraz√≥n.

viernes, 17 de abril de 2015

Capítulo XLVI



Justo en ese momento, Sara se despertó, como por arte de magia. Por un momento, casi maldije, pensando que al menos, si estaba inconsciente no sufriría.
-Miriam.- Después de mirar a su alrededor, entumecida, por fin me vio, asombrada.- Lo siento.
Ahora sí me dieron ganas de llorar. Pero me mordí el labio con fuerza para evitarlo. No lo haría, no podía llorar. No pensaba darle esa satisfacción a Eneas. Porque sabía que era justo lo que quería.
-No hay nada que sentir. Salvaste a Sam a cambio de ti.- Repuse con tono firme.- Al menos él está bien ahora.
-Como si le fuese a servir de algo.- El tono de Eneas no era el mismo, ya no era medido y bien modulado, sino que estaba fuera de control completamente.- Probablemente ya le hayan encontrado, o mejor, ya esté muerto.
Marcos observaba la escena con una expresión de dolor. Parecía que no había caído bien.
-No eres mejor que él.- Intervino, para mi sorpresa.- De hecho, no eres ni la mitad de bueno de lo que es Sam.
Me quedé perpleja cuando le oí defenderle. No me habría esperado algo así. Por un momento creí que se molestaría con él, pero al decirlo no había parecido que lo dijera por mí. Era como si realmente le importara.
El mismo Eneas le observ√≥ con curiosidad, puede que en otro momento hubiera indagado m√°s, pero ahora estaba demasiado alterado para centrarse en ese detalle. En lugar de eso, agarr√≥ a Sara sin ning√ļn tipo de miramiento, oblig√°ndola a ponerse de pie, y peg√°ndola el cuchillo contra su garganta. El mismo cuchillo que hab√≠a estado tambi√©n sobre mi piel hac√≠a solo unos minutos. Inconscientemente, me llev√© la mano a donde me hab√≠a cortado.
-¿Algunas √ļltimas palabras?- Inquiri√≥, mir√°ndome sin escr√ļpulos.- Es m√°s de lo que mereces, yo no tuve ni siquiera eso para con Axel. Aunque eso a ti no te importa, ¿verdad? Lo que le pas√≥ te da exactamente igual. Apuesto a que ni siquiera tienes remordimientos.
-¿Remordimientos? Fue Axel quien se lo busc√≥. No fui yo la que pas√© media vida usando la magia sin ton ni son para hacer el mal. Si no hubiera hecho eso, lo que yo hice aquel d√≠a no le habr√≠a matado. Si no hubiera retenido a Jake, no habr√≠a tenido que hacer nada. Claro que no tengo remordimientos. De hecho, volver√≠a a hacerlo.- Repuse en tono firme, sin vacilar.
Eneas parecía a punto de explotar. Pero pareció pensárselo mejor, porque esbozó una malévola sonrisa que hizo que me recorriera un escalofrío.
-Como desees.
Y hundió el cuchillo contra la piel del cuello de Sara.
-¡¡¡No!!!- Chill√©, volviendo contra la pared invisible, s√≥lo que esta vez Marcos me detuvo antes de chocar, abraz√°ndome con fuerza.
Sara se limitó a exhalar, antes de desplomarse de nuevo sobre los brazos de Eneas, que la depositó en el suelo ebrio de poder y maldad.
Y esta vez ya no pude contener más las lágrimas. Sin importarme por un segundo lo que pensara o dejara de pensar Eneas, rompí a llorar contra el hombro de Marcos, que me consolaba como podía, aunque en el fondo estaba tan destrozado como yo.
Le conocía perfectamente, y podía ver en su mirada seria de color azul mar que se sentía culpable. Que sentía que él debería haberla salvado.
-Marcos, esto no es culpa tuya.- Le dije entre sollozos, sin despegarme de él.
No contest√≥ durante unos segundos, pero a√ļn as√≠, segu√≠a resultando reconfortante estar abrazada a √©l. Hac√≠a que la muerte de Sara me doliera un poquito menos, a pesar de todo.
-Tuya tampoco.- Dijo finalmente.
Tragué saliva, separándome un poco para mirarle. Y supe que de verdad lo creía. Que esta vez no me mentía.
Sin embargo, la voz de Eneas no tardó en sacarme de mis pensamientos.
-Esto solo es el principio.- Le temblaban las manos de lo alterado que estaba.- ¿Por qui√©n quieres que siga? Me parece una buena opci√≥n un familiar, a√ļn no les hemos implicado demasiado. ¿Ya va siendo hora, no?
El terror volvi√≥ a hacerse con mi cuerpo. ¿Pensaba seguir ahora? ¿De verdad pretend√≠a matar a alguien m√°s? ¿No hab√≠a tenido bastante?
“-Mira de lo que les ha servido. Ahora acabar√© con todos ellos, mientras t√ļ me ves. Y te dejar√© a ti para el final, cuando te hayas vuelto loca por perder a todas las personas a las que quieres.”
Supongo que entonces hablaba enserio. √Čl mismo estaba volvi√©ndose loco.
-Eneas, por favor.- Implor√©, tratando de captar su atenci√≥n, de que me escuchara de verdad.- ¿Qu√© sentido tiene seguir con esto? No te va a devolver a Axel. Yo ya estoy cansada de estar en guerra.
Su expresión se tensó un poco más.
-Pero al menos vengaré su muerte. No intentes que me compadezca de ti, Miriam. No te mereces el más mínimo ápice de piedad.- Su mirada era fulminante.
Era demasiado tarde para razonar con él. La soledad le había dejado mal de la cabeza. Ya no era capaz de sentir, no podía desear otra cosa que la venganza. Se había obsesionado completamente.
-No llores, princesa.- Me susurró Marcos al oído, haciendo que me estremeciera. Eso me trajo el recuerdo de Julia. Aquel día yo tampoco había sabido razonar. Yo también me negué a escucharle, por sentirme traicionada.
De repente, un fuerte viento comenz√≥ a soplar en la azotea, interrumpiendo la disputa y las reflexiones de los tres. Extra√Īada, mir√© hacia el cielo, no s√© muy bien por qu√©.
Y entonces me quedé boquiabierta.
Una horda de seres vestidos enteros de blanco impoluto con alas increíbles descendían hacia nosotros. Parecían un grupo de ángeles vengadores, tan serios como estaban, con una expresión de gravedad. Había unos 15 ángeles, que fueron aterrizando en el suelo de la azotea, rodeándonos.
Me sentía incapaz de reaccionar. La visión era realmente sobrecogedora. Finalmente, uno de ellos dio un paso al frente.
-Eneas Hyeraci, queda detenido por uso ilegal de magia negra, por asesinato de una persona sin motivo alguno, y por peleas injustificadas contra otro igual, este sea Marcos, y una Samyaza.- Su tono era firme, no admitía réplica alguna. Sin embargo, Eneas, abrió la boca, totalmente desconcertado.
-Ellos mataron a Axel.- Explicó, como si eso fuera justificación más que suficiente.
-Eso no sirve para excusar sus otros pecados, y tampoco el hecho de pelear con ellos. Hace tiempo que dejamos de hacer las cosas así. Los delitos cometidos por los ángeles son castigados por el consejo, no por su mano mayor.- Se volvió hacia un grupo de ángeles.- Lleváosle.
Procedieron a cogerle, como si fueran robots, sin variar un ápice su expresión, ni siquiera ante las quejas y resistencia opuesta por Eneas, que no parecía dispuesto a irse por las buenas.
-¡No hay pruebas concluyentes, no ten√©is derecho a llevarme as√≠! ¡Solo buscaba justicia!- Gritaba fuera de s√≠, como si no diera cr√©dito a lo que pasaba. Supongo que cuando les llam√≥ ni por un segundo pens√≥ que su plan pudiera volverse contra √©l.
-Hay formas y formas.- Replicó el ángel que había hablado antes, que tenía aires de jefe.- Déjalo estar, por tu propio bien.
Eneas, fuera de hacerle caso, siguió gritando y protestando, pero ya nadie más intervino. Observé conmocionada cómo se le llevaban agarrado de pies y manos hacia la oscuridad del cielo.
Al final, habían necesitado seis ángeles para llevársele, debido a toda la resistencia que opuso. Ya solo quedaban nueve, aunque no se habían movido del círculo que formaron a nuestro alrededor, ahora incompleto.
-¿Van a matarle?- Pregunt√©, incapaz de contenerme un solo segundo m√°s, a√ļn siendo consciente de la mirada de advertencia que me ech√≥ Marcos.
Incluso el ángel jefe, como había decidido llamarle, parecía sorprendido.
-No, no vamos a matarle. Hay suficientes indicios para apresarle, pero nadie ha sido testigo de cómo usaba la magia negra. Por supuesto, vuestro testimonio no se considerará válido, por la estrecha relación de disputa con el acusado.
-Entonces, ¿no le pasar√° nada?
-El castigo que se aplica en estos casos, dependerá si cuando le analicen confirman el reciente uso de magia prohibida. En caso de que así sea, se le quitarán las alas, aunque seguirá trabajando en el cielo como siervo, con el fin de asegurarse de que no le dice una palabra a nadie. Es de los peores castigos para un ángel.- Explicó.
-Es peor la muerte reservada para los ángeles caídos.
-Miriam.- Me llamó Marcos incrédulo, advirtiéndome. Me encogí de hombros, sonrojándome. Puede que estuviese cogiendo demasiadas confianzas.
-También es peor el delito.
Iba a protestar, en total desacuerdo con su postura. ¿Merec√≠a eso llamarse delito? Sin embargo, Marcos me miraba fijamente, y finalmente me qued√© callada, mordi√©ndome el labio.
-¿Qu√© ocurrir√° con nosotros?- Inquiri√≥ Marcos, con voz educada y correcta.
-Tal vez debiera castigaros por actuar a espaldas del consejo, y pelear contra Eneas. A√ļn as√≠, s√© que fue en defensa propia, y creo que ya hab√©is tenido suficiente castigo.- Mir√≥ a Sara, que segu√≠a junto al poste, tirada con una extra√Īa postura. Me estremec√≠.
-Le agradecemos su benevolencia.- Asintió Marcos, formal.
-Enc√°rguense de darle una buena despedida a la difunta, lamento enormemente no haber llegado a tiempo. Pero ahora debemos marchar.- Se dio la vuelta, mientras el resto de √°ngeles, echaban a volar todos a la vez, como si se hubieran puesto de acuerdo. Sin embargo, volvi√≥ a girarse antes de irse √©l tambi√©n.- Pero deben tener en cuenta que el √°ngel ca√≠do est√° en busca y captura. Tiene los d√≠as contados. Y t√ļ, Marcos.- Marcos pareci√≥ sobresaltado de que le llamase directamente.- √Āndate con ojo. A Axel le cost√≥ mucho mantenerte a salvo. No lo tires todo por la borda por una tonter√≠a.
Y dicho eso, como si nada, echó a volar hacia donde se habían ido los demás, hasta que desapareció de nuestra vista.
Entonces, ya no pude aguantar m√°s.
Corrí hacia donde se había caído Sara, incapaz de apartar los ojos de su desagradable herida. Aquello comenzaba a tener muy mala pinta. Y su pecho ya no subía y bajaba. Ya no respiraba. Y su corazón había dejado de latir.
-Miriam.- Marcos me llamó, compadeciéndose.
-Déjame.- Sollocé.
Seguía con la mirada fija en el corte que tenía en el cuello, cubierto de sangre. Empecé a sentirme mareada.
-Miriam, esc√ļchame.- Marcos me cogi√≥ de la barbilla, oblig√°ndome a mirarle.- Uno, esto no es culpa tuya. Y dos, no puedes hundirte. Eso era justo lo que Eneas quer√≠a. Despu√©s de lo que ha hecho, no puedes darle ese gusto.
-Es que no lo entiendo. ¿Por qu√© todo me tiene que salir tan mal? Debo de haber sido horrible en otra vida, porque esto hace mucho que dej√≥ de tener sentido. Llevo meses envuelta en todo tipo de l√≠os relacionados con peligros y amenazas. Y es que ya no puedo m√°s. Sencillamente, estoy cansada de luchar. Y llegando a este punto, ¿no ser√≠a mejor rendirme?
-No es esa la Miriam que conozco. No es esa la Miriam de la que me enamoré. No puedes rendirte, eso sería lo fácil, pero no lo mejor. Tienes que levantarte y seguir luchando, rehacer tu vida. Tienes que recuperarte de esto. Sé que puedes. Podrías conseguir cualquier cosa que te propusieses.
-No he podido mantener a todos a salvo.
-Muchos ni siquiera lo habrían intentado.
-¿Crees que eso me sirve de consuelo?- Repliqu√© amargamente.
-Supongo que no. Pero hazme caso si te digo que eres una de las personas m√°s fuertes que he conocido. Muchos no habr√≠an aguantado ni una d√©cima parte de lo que has aguantado t√ļ. Y obtendr√°s tu recompensa.
<<-Recuerda que la vida es como una monta√Īa rusa. Hay veces que se est√° arriba y veces que se est√° abajo. Y toca vivirlo todo, pero nada es eterno. Ni lo bueno, ni lo malo>>
Y decidí que lo haría. Me levantaría y seguiría luchando. Es lo que Sara querría, y al menos así, su muerte no habría sido en vano.
-Gracias.- Murmuré. Y por primera vez desde que habíamos llegado, me fijé en él.
Segu√≠a con sus vaqueros y su sudadera viejos. Aunque ahora ten√≠a un aspecto a√ļn m√°s destrozado. Como si se hubiese acabado con lo √ļnico que le quedaba. Y por un momento, quise decirle que le quer√≠a, que volvi√©ramos a intentarlo, porque era el √ļnico del que hab√≠a estado enamorada.
Aunque en lugar de eso guardé silencio
-Miriam, hay algo que quiero decirte antes de irme.- Me alarm√©.- Te quiero. Pero a√ļn as√≠ quiero alegrarme de que hayas encontrado a alguien como Sam. Estoy seguro de que √©l s√≠ sabr√° hacerte feliz. Pero, por favor, no pretendas que haga como si nada hubiera pasado. Debo irme. Lamento dejarte solo con Sara as√≠, pero no dudes que los √°ngeles habr√°n preparado alguna historia para encubrir la muerte. Y no puedo soportar estar un segundo m√°s a tu lado fingiendo que solo quiero ser tu amigo, porque no es as√≠. Esto es un adi√≥s, Miriam.
Durante unos segundos me qued√© sin palabras. Seg√ļn iba hablando, iba notando como si se me fuese partiendo el  coraz√≥n. Y es que aunque sab√≠a que era lo mejor para ambos, sab√≠a que si Marcos se iba, una parte de m√≠ se marchar√≠a con √©l. Pero no me quedaba otra. Lo nuestro no hab√≠a tra√≠do m√°s que problemas desde hac√≠a un tiempo. Y por nuestro bien y el de aquellos que nos rodeaban, deb√≠amos cortarlo. Adem√°s, como hab√≠a dicho el √°ngel jefe, Marcos se la jugaba estando conmigo. Tocaba decir adi√≥s.
-Hasta siempre, Marcos.
Por un momento dudé qué hacer. Darle dos besos, habría quedado tremendamente falso; un abrazo, demasiado amistoso; y un beso, totalmente fuera de lugar. Así que simplemente permanecimos así, callados y pensativos, hasta que se dio la vuelta hacia el borde de la azotea. Allí extendió sus alas.
-Miriam.- Me llam√≥ una √ļltima vez.- No puedo pedirte que vuelvas a quererme, pero por favor no te olvides de m√≠. No quiero que est√©s todo el d√≠a perdida en tus recuerdos, ni mucho menos, pero por favor, prom√©teme que no olvidar√°s esto. Porque para m√≠ ser√° imposible.- Apretaba la mand√≠bula, tratando de contener las l√°grimas. No recordaba la √ļltima vez que le vi llorar, si es que la hab√≠a habido.
-Yo tampoco te olvidaré nunca. Lo prometo.- Dije, con tono convencido. Estaba segura de ello.
Y dicho esto, se dio la vuelta, y voló.
Le observé desaparecer en la oscuridad, más allá del pueblo, más allá del bosque. Lejos de mi alcance.
Entonces, comenc√© a notar algo extra√Īo en mi bolsillo, que en realidad, llevaba notando toda la tarde, pero por la gravedad de los acontecimientos, no me hab√≠a percatado. Lo saqu√©.
Era el colgante que me regaló el anciano en Galicia. Brillaba con fuerza. Pero ya se estaba apagando.
Y cuando terminó de apagarse, me di cuenta de dos cosas.
Una, que en ocasiones lo que dicen los vendedores es verdad. Supongo que tenía razón cuando dijo que cuando estuviese con esa persona especial, lo notaría diferente, sabría reconocerlo gracias al colgante.
Y dos, que había perdido a esa persona especial, puede que para siempre.